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Tres son multitud 6 страница

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Me mirй en el espejo del vestнbulo antes de abrir la puerta y compuse con cuidado la mejor cara posible. Esbocй una sonrisa e intentй conservarla a toda costa.

—Gracias por venir conmigo esta noche —le dije a Jess mientras me aupaba para entrar por la puerta del copiloto; procurй infundir el adecuado agradecimiento al tono de mi voz.

Habнa pasado mucho tiempo sin detenerme a pensar sobre lo que le podнa decir a cualquiera que no fuera Charlie. Jess era mбs difнcil. No estaba segura de cuбles serнan las emociones apropiadas que tendrнa que fingir.

—Claro, pero їa quй viene esto? —se preguntу Jess mientras conducнa calle abajo.

—їA quй viene quй?

—їPor quй has decidido tan repentinamente... que salgamos? —parecнa haber cambiado la pregunta conforme la formulaba.

Me encogн de hombros.

—Simplemente necesitaba un cambio.

Entonces reconocн la canciуn de la radio y busquй el dial rбpidamente.

—їTe importa? —preguntй.

—No, cбmbiala.

Busquй las distintas emisoras hasta localizar una que fuera inofensiva. Espiй la expresiуn de Jess a hurtadillas mientras la nueva mъsica llenaba el coche.

Parpadeу.

—їDesde cuando te gusta el rap?

—No sй —contestй—. Algunas veces lo oigo.

—Pero... їte gusta de verdad? —preguntу dubitativa.

—Claro que sн.

Iba a ser demasiado difнcil mantener una conversaciуn normal con Jessica si ademбs debнa controlar la mъsica. Asentн con la cabeza, deseando que estuviera llevando bien el ritmo.

—De acuerdo... —mirу hacia fuera del parabrisas con los ojos como platos.

—їQuй tal te va con Mike ahora? —le preguntй con rapidez.

—Tъ le ves mбs que yo.

No habнa empezado a cotorrear ante mi pregunta, tal y como yo esperaba, por lo que lo intentй de nuevo.

—Es difнcil hablar de nada cuando estбs trabajando —mascullй—. їHas salido con alguien ъltimamente?

—En realidad, no. Salgo algunas veces con Conner, y tambiйn salн con Eric hace dos semanas —puso los ojos en blanco y sospechй que detrбs habнa una larga historia, asн que aprovechй la oportunidad.

—їEric Yorkie? їQuiйn se lo pidiу a quiйn?

Ella refunfuсу, mбs animada ya.

—Pues йl, Ўclaro! Y yo no encontrй una manera amable de negarme.

—їAdonde te llevу? —le preguntй. Sabнa que ella interpretarнa mi entusiasmo como interйs—. Cuйntamelo todo.

Se embarcу en la narraciуn de su historia y yo me acomodй en mi asiento, mбs relajada ahora. Le prestй la atenciуn justa, murmurando palabras de simpatнa cuando era oportuno y conteniendo el aliento horrorizada cuando correspondнa. Cuando acabу con su historia sobre Eric, continuу comparбndolo con Conner sin necesidad de mбs estнmulos.

La pelнcula empezaba pronto, por lo que a Jess se le ocurriу que podнamos aprovechar la tarde viendo primero la pelнcula y yйndonos a cenar luego. Yo estaba feliz con cualquier cosa que me propusiera; despuйs de todo, habнa conseguido lo que querнa: sacarme de encima a Charlie.

Mantuve a Jess charlando continuamente mientras ponнan los trбilers, y asн pude ignorarlos mбs fбcilmente, pero me puse nerviosa cuando comenzу la pelнcula. Dos jуvenes caminaban de la mano por una playa mientras hablaban de sus sentimientos mutuos con una falsedad empalagosa. Resistн la necesidad de cubrirme las orejas y empezar a tararear. No habнa contado con que hubiera un idilio en el largometraje.

—Creн que habнamos escogido la pelнcula de zombis —susurrй a Jessica.

—Йsta es la pelнcula de los zombis.

—їY cуmo es que no se comen a nadie? —preguntй con desesperaciуn.

Me mirу con los ojos dilatados, casi dirнa que alarmados.

—Estoy segura de que pronto vendrб esa parte —murmurу.

—Voy a buscar palomitas. їQuieres?

—No, gracias.

Alguien nos mandу callar desde las filas de atrбs.

Me tomй el tiempo que quise en el mostrador del puesto de palomitas; mirй el reloj y le estuve dando vueltas a quй porcentaje de una pelнcula de noventa minutos se llevarнa la parte romбntica. Decidн que bastarнa con diez minutos, pero me detuve justo delante de las puertas del cine para asegurarme. Lleguй a oнr gritos terrorнficos retumbando por los altavoces, asн que me di cuenta de que habнa esperado lo suficiente.

—Te lo has perdido todo —murmurу Jessica cuando me deslicй en mi asiento—. Casi todos son zombis ya.

—Pues sн que ha ido rбpido —le ofrecн las palomitas. Tomу un puсado.

El resto de la pelнcula consistiу en truculentos ataques de zombis y chillidos interminables por parte de los pocos humanos que quedaban vivos, aunque su nъmero se reducнa con rapidez. No se me habнa ocurrido que nada de eso me alterase, pero me sentн incуmoda, sin que al principio supiera la razуn.

No me di cuenta de dуnde estaba el problema hasta casi al final, cuando saliу un zombi demacrado que caminaba arrastrando los pies en pos del ъltimo superviviente tembloroso. La escena alternaba el rostro horrorizado de la heroнna con la cara muerta e inexpresiva de su perseguidor, e iba de uno a otro mientras se acortaba la distancia entre ellos.

Me di cuenta de a cuбl de los dos me parecнa mбs.

Me levantй.

—їDуnde vas? —susurrу Jess—. Quedan por los menos dos minutos.

—Necesito una bebida —mascullй mientras me lanzaba hacia la salida.

Me sentй en el banco que habнa junto a la puerta del cine y con todas mis fuerzas intentй no pensar en lo irуnico de la situaciуn, pues era una pura ironнa que, al final, hubiera terminado convirtiйndome en una zombi. Eso no me lo hubiera imaginado jamбs.

No es que no me hubiera imaginado alguna vez a mн misma convirtiйndome en un monstruo mitolуgico, pero desde luego, nunca en un grotesco cadбver animado. Sacudн la cabeza para desechar esa lнnea de pensamiento, porque empezaba a inundarme el pбnico. No soportaba recordar lo que habнa llegado a soсar una vez.

Era deprimente comprobar que ya no serнa nunca mбs la heroнna, que mi historia habнa terminado.

Jessica saliу por las puertas del cine y dudу. Debнa de estar pensando cuбl serнa el sitio mбs probable para encontrarme. Pareciу aliviada al verme, pero sуlo durante un momento. Luego se mostrу mбs bien irritada.

—їTanto miedo te ha dado la pelнcula? —me preguntу.

—Sн —le di la razуn—. Me da la sensaciуn de que soy bastante cobarde.

—Esto sн que es divertido —torciу el gesto—. No me pareciу que estuvieras asustada. La que ha gritado todo el rato he sido yo, y a ti no te he oнdo ni un solo chillido. Asн que no sй por quй te has marchado.

Me encogн de hombros.

—Me he asustado.

Ella se relajу un poco.

—Creo que йsta ha sido la pelнcula que mбs miedo me ha dado de cuantas he visto. Te apuesto a que esta noche vamos a tener pesadillas.

—Eso ni lo dudes —repuse al tiempo que intentaba controlar la voz para que sonara normal. Era inevitable que yo tuviera pesadillas, aunque no fueran sobre zombis. Sus ojos se paseaban nerviosos por mi cara, asн que supuse que despuйs de todo, quizбs no se me habнa dado tan mal lo de simular una voz normal.

—їDуnde quieres cenar? —preguntу Jess.

—Me da igual.

—De acuerdo.

Jess comenzу a hablar sobre el protagonista masculino de la pelнcula mientras caminбbamos. Asentн cuando ella se deshacнa en elogios sobre lo buenнsimo que estaba, aunque era incapaz de recordar ninguna otra cosa que no fueran zombis por todos lados.

No me di cuenta de hacia dуnde me llevaba Jessica. Sуlo era vagamente consciente de que todo estaba mбs oscuro y mбs tranquilo. Me llevу mбs rato de lo debido el darme cuenta del porquй de esa tranquilidad. Jessica habнa parado de charlotear. La mirй con ganas de disculparme, con la esperanza de no haber herido sus sentimientos.

No obstante, Jessica no me miraba a mн, sino delante de ella. Su rostro estaba tenso y caminaba a buen paso. Cuando me girй para observarla, vi que sus ojos se desplazaban rбpidamente a la derecha, a travйs de la calle, y luego volvнan con la misma rapidez.

Echй una ojeada a mi alrededor por primera vez.

Estбbamos atravesando un corto tramo poco iluminado de una acera. Las tiendas pequeсas alineadas a ambos lados de la calle cerraban de noche y los escaparates estaban a oscuras. Las luces de la calle volvнan a alumbrar medio bloque mбs adelante y pude ver, allн, a lo lejos, los brillantes arcos dorados del McDonald's hacia el que se dirigнa Jess.

Sуlo habнa un negocio abierto en la otra acera. Las ventanas tenнan las cortinas echadas por dentro y justo encima brillaba un rуtulo con luces de neуn que anunciaba distintos tipos de cerveza. El letrero mбs grande, uno de un brillante color verde, era el nombre del bar: Pete el Tuerto. Me preguntй si serнa una cervecerнa temбtica de piratas, aunque no se veнa nada desde el exterior. La puerta de la calle se abriу de pronto; habнa poca luz en el interior, y un prolongado murmullo de muchas voces y el sonido del tintineo de los hielos en los vasos invadieron la calle. Habнa cuatro hombres apoyados contra la pared de al lado.

Me volvн a mirar a Jessica. Tenнa los ojos fijos en el camino de delante y se movнa con brusquedad. No parecнa asustada, sуlo cautelosa, y procuraba no atraer la atenciуn de esos tipos sobre ella.

Me detuve y volvн la vista atrбs para mirar a aquellos hombres sin pensarlo dos veces. Experimentй una fuerte sensaciуn de dйjа vu. Йsta era una calle diferente, una noche distinta, pero la escena se parecнa mucho. Tambiйn uno de ellos habнa sido bajo y moreno. Cuando me parй y me volvн, fue el que me observу con interйs.

Le devolvн la mirada con fijeza, paralizada en la acera.

—їBella? —me susurrу Jess—. їQuй haces?

Sacudн la cabeza, sin saber quй decir.

—Creo que los conozco... —murmurй.

їQuй estaba haciendo? Deberнa rehuir ese recuerdo lo mбs deprisa posible, apartar de mi mente la imagen de aquellos hombres recostados contra la pared y usar el aturdimiento —sin el cual era incapaz de funcionar— para protegerme. їPor quй estaba dando un paso hacia la calle, como alelada?

Sin embargo, parecнa una coincidencia demasiado evidente que estuviera en una calle oscura de Port Angeles con Jessica. Fijй la mirada en el tipo bajo y comparй sus facciones con las de aquel que me habнa amenazado aquella noche, hacнa casi un aсo. Me preguntй si habнa alguna manera de que pudiera reconocerle, de saber si era йl. Tenнa un recuerdo muy vago precisamente de esa parte de la noche en particular. Mi cuerpo lo recordaba mejor que mi mente; las mismas piernas en tensiуn mientras intentaba decidir si correr o permanecer quieta, la misma sequedad en la garganta mientras luchaba por producir un grito lo suficientemente fuerte, la tirantez de mis nudillos mientras cerraba las manos en un puсo, los escalofrнos que me bajaban por la nuca mientras aquel hombre de pelo negro me llamaba «nena»...

Habнa una especie de amenaza implнcita e indefinida en esos tipos, que no guardaba relaciуn alguna con aquella otra noche. Tenнa mбs que ver con el hecho de que eran desconocidos, la zona estaba a oscuras y nos superaban en nъmero, aunque sуlo en eso. Pero bastу para que la voz de Jessica sonara llena de pбnico cuando me llamу.

—ЎBella, vuelve aquн!

La ignorй y echй a andar hacia delante despacio, sin haber tomado la decisiуn consciente de mover los pies. No entendнa por quй, pero la nebulosa amenaza que suponнan esos hombres me empujaba hacia ellos. Era un impulso sin sentido, mas yo no habнa sentido ningъn tipo de impulso durante mucho tiempo... asн que lo seguн.

Algo poco familiar estallу en mis venas. La adrenalina, ausente tanto tiempo de mi cuerpo, acelerу mi pulso con rapidez y me obligу a luchar contra la ausencia de sensaciones. Era extraсo, їa quй se debнa esa explosiуn de adrenalina si no tenнa miedo? Aquello parecнa un eco de la ъltima vez que me habнa encontrado en esa situaciуn, en una calle oscura de Port Angeles, rodeada de extraсos.

No veнa ninguna razуn para sentir miedo. No podнa imaginar que quedara nada en el mundo que pudiera darme miedo, al menos, no fнsicamente. Esa era una de las ventajas de haberlo perdido todo.

Ya estaba en la mitad de la calle cuando Jess me alcanzу y me agarrу del brazo.

—ЎBella! ЎNo puedes entrar en un bar! —mascullу.

—No voy a entrar —dije como ausente, sacudiйndome su mano de encima—. Sуlo quiero ver algo...

—їEstбs loca? —susurrу ella—. їQuieres suicidarte?

Esa pregunta me llamу la atenciуn, y mis ojos la enfocaron.

—No, no quiero.

Mi voz sonу a la defensiva, pero era verdad. No querнa suicidarme. No lo considerй ni siquiera al principio a pesar de que la muerte hubiese supuesto un alivio para mн, sin duda alguna. Le debнa mucho a Charlie. Sentнa tambiйn mucha responsabilidad respecto a Renйe, y tenнa que pensar en ellos.

Ademбs, habнa hecho la promesa de no hacer nada que fuera estъpido o temerario. Si respiraba aъn, era por todas esas razones.

Precisamente al recordar esa promesa, sentн un respingo de culpa, pero lo cierto es que lo que estaba haciendo no era exactamente eso. No era como tomar una cuchilla y abrirme las venas.

Jess se habнa quedado boquiabierta y abrнa desmesuradamente los ojos. Comprendн demasiado tarde que su pregunta sobre el suicidio habнa sido meramente retуrica.

—Vete a comer —la empujй hacia la hamburgueserнa, despidiйndola con la mano. No me gustaba cуmo me miraba—. Te alcanzo en un minuto.

Le di la espalda y me volvн hacia los hombres que nos observaban con ojos curiosos y divertidos.

ЎBella, deja esto ahora mismo!

Se me agarrotaron los mъsculos, paralizбndome donde estaba, ya que no era la voz de Jessica la que me reснa ahora. Conocнa esa voz furiosa, una voz hermosa, suave como el terciopelo incluso aunque sonara airada.

Era su voz. Evitй pensar en su nombre, pero me sorprendiу que su sonido no me hiciera caer de rodillas y acurrucarme en el pavimento por la tortura de la pйrdida. No sentн ninguna pena, ninguna en absoluto.

Todo se me aclarу por completo en el momento en que escuchй su voz. Como si mi cabeza hubiera emergido repentinamente de algъn pozo oscuro. Era mбs consciente de todo, la vista, el sonido, la sensaciуn del aire frнo que no habнa notado que estuviera soplando cortбndome la cara, los olores que procedнan de la puerta abierta del bar.

Mirй a mi alrededor en estado de shock.

Vete con Jessica, ordenу la misma voz adorada, todavнa furiosa. Me prometiste no hacer nada estъpido.

Estaba sola. Jessica permanecнa quieta a unos pasos de mн, mirбndome con ojos atemorizados. Los extraсos me observaban, confundidos, apoyados contra la pared, al tiempo que se preguntaban quй hacнa yo parada en mitad de la calle.

Sacudн la cabeza en un intento de comprender la situaciуn. Sabнa que йl no estaba allн, pero a pesar de eso, lo sentнa imposiblemente cerca, cerca por primera vez desde... desde el final. La ira de su voz expresaba interйs, la misma ira que antes me fue tan familiar, algo que no habнa vuelto a oнr en lo que parecнa toda una vida.

Mantйn tu promesa. La voz se iba desvaneciendo como si alguien bajara el volumen de la radio.

Empecй a sospechar que habнa sufrido alguna especie de alucinaciуn. Seguramente propiciada por el recuerdo, por la sensaciуn del dйjа vu, por la extraсa familiaridad que me habнa producido la situaciуn.

Analicй rбpidamente todas las posibilidades en mi mente.

Primera opciуn: me habнa vuelto loca. Al menos йsa es la palabra que vulgarmente se aplica a aquellos que oyen voces en sus cabezas.

Entraba dentro de lo posible.

Opciуn dos: Mi subconsciente me proporcionaba aquello que yo querнa oнr. Era la satisfacciуn de un deseo, es decir, un alivio momentбneo de la pena al aferrarme a la idea incorrecta de que a йl le preocupaba que yo viviera o muriera. Una proyecciуn de lo que йl habrнa dicho si a) estuviera aquн, b) le afectara de alguna manera que me pasara algo malo.

Era probable.

No imaginaba una tercera opciуn, de modo que sуlo me cabнa la esperanza de que fuera la segunda opciуn la correcta, que se tratara de un desvarнo del subconsciente en vez de algo que exigiera mi hospitalizaciуn.

Quizбs mi reacciуn no fue demasiado cuerda, pero lo cierto es que me sentн... agradecida. Lo que mбs temнa perder era precisamente el sonido de su voz y aplaudн a mi subconsciente el que hubiera sido capaz de recuperar aquel sonido mucho mejor que mi mente consciente.

No me permitнa casi nunca pensar en йl, e intentaba mostrarme estricta a ese respecto. Era humana, y a veces fallaba, desde luego, pero habнa mejorado tanto que en aquel momento ya podнa eludir la pena varios dнas, pero la consecuencia era ese aturdimiento infinito. Entre la pena y la nada, habнa decidido escoger la nada.

Y ahora, al salir de mi embotamiento, el dolor resurgirнa de un momento a otro. Despuйs de morar tantos meses en la niebla, mis sensaciones eran sorprendentemente intensas. Sin embargo, el dolor normal no apareciу. Lo ъnico que sн podнa sentir era la decepciуn que me causaba el desvanecimiento de su voz.

Hubo un segundo de vacilaciуn.

Lo mбs inteligente, sin duda, serнa huir de ese camino potencialmente destructivo, ademбs de que me llevarнa hacia una segura inestabilidad mental. Era una estupidez estimular las alucinaciones.

Pero su voz se desvanecнa.

Avancй otro paso para probar.

Bella, da media vuelta, gruсу.

Suspirй aliviada. Era su ira lo que yo querнa oнr, aunque fuera falsa y un dudoso regalo de mi subconsciente, que me hacнa creer que yo le importaba.

Mientras yo llegaba a todas estas conclusiones, habнan pasado apenas unos cuantos segundos. Mi pequeсo pъblico observaba, curioso. Probablemente parecнa como si yo vacilara entre acercarme a ellos o no. їCуmo podrнan ellos saber que yo estaba allн disfrutando de un inesperado momento de locura?

—ЎEh! —me saludу uno de aquellos hombres, con un tono confiado y un poco sarcбstico. Era rubio y de tez blanca, y estaba allн de pie con la suficiencia de alguien que se sabe bastante bien parecido. Realmente no podrнa decir si lo era o no. Tenнa demasiados prejuicios.

La voz en mi mente respondiу con un exquisito rugido. Yo sonreн, y el hombre, confiado, lo tomу como un estнmulo por mi parte.

—їTe puedo ayudar en algo? Parece que te has perdido —sonriу y me guiсу un ojo.

Puse un pie con cuidado sobre la alcantarilla, que corrнa en la oscuridad con agua que parecнa negra.

—No, no me he perdido.

Ahora que estaba mбs cerca y mis ojos volvieron a enfocar con detenimiento, analicй el rostro del hombre bajo y moreno. No me resultу nada familiar. Sufrн una cierta desilusiуn porque no era aquel hombre terrible que habнa intentado hacerme daсo hacнa ya casi un aсo.

La voz de mi mente se habнa quedado callada.

El hombre bajo advirtiу mi mirada.

—їPuedo invitarte a beber algo? —me ofreciу, nervioso, un poco halagado porque hubiera sido a йl a quien hubiera distinguido con mi atenciуn.

—Soy demasiado joven —le contestй de inmediato.

Se quedу desconcertado, preguntбndose por quй me habнa acercado a ellos. Sentн la necesidad de explicarme.

—Desde el otro lado de la calle, me habнa parecido que era usted alguien a quien conocнa. Lo siento, me he equivocado.

La amenaza que me habнa impulsado a cruzar la calle se habнa evaporado. Йstos no eran aquellos hombres peligrosos que yo recordaba. Incluso posiblemente fueran buenos chicos. Estaba a salvo, asн que perdн interйs.

—Bueno —repuso el rubio, tan seguro de sн mismo—, quйdate a pasar el rato con nosotros.

—Gracias, pero no puedo —Jessica estaba dudando en mitad de la calle, con los ojos dilatados por la ira y la situaciуn en la que la habнa metido.

—Venga, sуlo unos minutos.

Neguй con la cabeza y me volvн para reunirme con Jessica.

—Vбmonos a comer —sugerн sin mirarla apenas. Aunque por el momento, pareciera haberme liberado de la abducciуn zombi, continuaba igual de distante. Mi mente seguнa preocupada. El aturdimiento falto de vida donde me sentнa segura no terminaba de volver y me encontraba mбs llena de ansiedad con cada minuto que se retrasaba su llegada.

—їEn quй estabas pensando? —me reprochу Jessica—. ЎNo los conocнas, podнan haber sido unos psicуpatas!

Me encogн de hombros, deseando que ella dejara pasar el asunto.

—Es sуlo que creн conocer a uno de los chicos.

—Estбs muy rara, Bella Swan. Me da la impresiуn de no saber quiйn eres.

—Lo siento.

No sabнa quй otra cosa responder a eso.

Anduvimos en silencio hasta el McDonald's. En mi fuero interno, apostй que Jess se arrepentнa de no haber ido en el coche en vez de recorrer a pie aquel corto trecho desde el cine. Ahora era ella quien tenнa unas ganas locas de que terminara aquella noche, tantas como habнa tenido yo en un principio.

Intentй iniciar una conversaciуn varias veces durante la cena, pero Jessica no estaba por la labor. Debнa de haberla ofendido de verdad.

Cuando regresamos al coche, conectу la radio en su emisora favorita y puso el volumen lo bastante alto como para impedir cualquier intento de conversaciуn.

Ahora no tuve que luchar con la intensidad habitual para ignorar la mъsica. Tenнa demasiadas cosas en quй pensar —ya que, al fin, mi mente no estaba tan cuidadosamente vacнa y aturdida— como para fijarme en las letras.

Esperй a ver si regresaban el aturdimiento o el dolor, sabedora de que este ъltimo volverнa antes o despuйs. Habнa roto mis propias reglas. Me habнa acercado a los recuerdos, habнa ido a su encuentro, en vez de rehuirlos. Habнa oнdo la voz de Edward con una total nitidez y, por tanto, estaba segura de que lo iba a pagar caro, en especial si no era capaz de que regresar a la neblina para protegerme. Me sentнa demasiado viva, y eso me asustaba.

Pero la emociуn mбs fuerte que en estos momentos recorrнa mi cuerpo era el alivio, un alivio que surgнa de lo mбs profundo de mi ser.

A pesar de lo mucho que pugnaba por no pensar en йl, sin embargo, tampoco intentaba olvidarle. De noche, a ъltima hora, cuando el agotamiento por la falta de sueсo derribaba mis defensas, me preocupaba el hecho de que todo pareciera estar desvaneciйndose, que mi mente fuera al final un colador incapaz de recordar el tono exacto del color de sus ojos, la sensaciуn de su piel frнa o la textura de su voz. No podнa pensar en todo esto, pero debнa recordarlo.

Bastaba con que creyera que йl existнa para que yo pudiera vivir. Podrнa soportar todo lo demбs mientras supiera que existнa Edward.

Йsa era la razуn por la que me hallaba mбs atrapada en Forks de lo que lo habнa estado nunca con anterioridad, y йse era el motivo de que me opusiera a Charlie cuando sugerнa cualquier cambio. En realidad, no importaba, sabнa que йl nunca iba a regresar a este lugar.

Mas en caso de irme a Jacksonville o a cualquier otro sitio igual de soleado y poco familiar, їcуmo podrнa estar segura de que йl habнa sido real? Mi certeza flaquearнa en un lugar donde no fuera capaz de concebirlo, y no iba a poder vivir con eso.

Era una forma muy dura de vivir: prohibiйndome recordar y aterrorizada por el olvido.

Me sorprendн cuando Jessica aparcу el coche enfrente de mi casa. El viaje no habнa sido muy largo, pero aun asн, nunca hubiera pensado que Jessica fuera capaz de pasarlo entero sin hablar.

—Gracias por haber salido conmigo, Jess —dije mientras abrнa la puerta—. Ha sido... divertido —esperaba que la palabra «divertido» le pareciera apropiada.

—Seguro —mascullу.

—Siento mucho lo de... despuйs de la pelнcula.

—Da igual, Bella —clavу la vista en el parabrisas en vez de mirarme a mн. Parecнa que su enfado iba en aumento en lugar de disminuir.

—їNos vemos el lunes?

—Sн, claro. Adiуs.

Entrй y cerrй la puerta a mi espalda. Ella se marchу sin mirarme siquiera.

La habнa olvidado del todo en cuanto estuve dentro de casa.

Charlie me esperaba plantado en el centro del vestнbulo, con los brazos cruzados con fuerza sobre el pecho y los puсos apretados.

—Hola, papб —dije con la mente en otra cosa mientras pasaba por su lado de camino hacia las escaleras. Habнa estado pensando en Edward durante demasiado tiempo y querнa estar en el piso de arriba cuando aquello se me cayese encima.

—їDуnde has estado? —me preguntу Charlie.

Mirй a mi padre, sorprendida.

—Fui al cine con Jessica, a Port Angeles, tal como te dije esta maсana.

—Mmm —gruсу йl.

—їNo te parece bien?

Estudiу mi rostro mientras abrнa los ojos, sorprendido de haber encontrado algo inesperado.

—Vale, de acuerdo. їTe lo pasaste bien?

—Sн, claro —contestй—. Estuvimos viendo a unos zombis comerse a la gente. Estuvo muy bien.

Entrecerrу los ojos.

—Buenas noches, papб.

Me dejу pasar y yo me apresurй hacia mi habitaciуn.

Poco despuйs me tumbй en la cama, resignada a que el dolor finalmente hiciera acto de presencia.

Resultу algo atroz. Tenнa la sensaciуn de que me habнan practicado una gran abertura en el pecho a travйs de la cual me habнan extirpado los principales уrganos vitales y me habнan dejado allн, rajada, con los profundos cortes sin curar y sangrando y palpitando a pesar del tiempo transcurrido. Racionalmente, sabнa que mis pulmones tenнan que estar intactos, ya que jadeaba en busca de aire y la cabeza me daba vueltas como si todos esos esfuerzos no sirvieran para nada. Mi corazуn tambiйn debнa seguir latiendo, aunque no podнa oнr el sonido de mi pulso en los oнdos e imaginaba mis manos azules del frнo que sentнa. Me acurrucaba y me abrazaba las costillas para sujetбrmelas. Luchй por recuperar el aturdimiento, la negaciуn, pero me eludнa.

Y sin embargo, me di cuenta de que iba a sobrevivir. Estaba alerta, sentнa el sufrimiento, aquel vacнo doloroso que irradiaba de mi pecho y enviaba incontrolables flujos de angustia hacia la cabeza y las extremidades. Pero podнa soportarlo. Podrнa vivir con йl. No me parecнa que el dolor se hubiera debilitado con el transcurso del tiempo, sino que, por el contrario, mбs bien era yo quien me habнa fortalecido lo suficiente para soportarlo.

Fuera lo que fuera lo que hubiese ocurrido esa noche, tanto si la responsabilidad era de los zombis, de la adrenalina o de las alucinaciones, lo cierto es que me habнa despertado.

Por primera vez en mucho tiempo, no sabнa lo que me depararнa la maсana siguiente.

El engaсo

—Bella, їpor quй no lo dejas ya? —sugiriу Mike al tiempo que desviaba su mirada para evitar la mнa. Me preguntй cuбnto llevarнa comportбndose de ese modo sin que yo lo hubiera notado.

Era una tarde sin mucha actividad en el local de los Newton. En ese momento sуlo habнa dos clientes en la tienda, unos excursionistas verdaderamente aficionados a juzgar por su conversaciуn. Mike habнa pasado con ellos la ъltima hora examinando los pros y los contras de dos marcas de mochilas ligeras, pero se habнan tomado un respiro mientras examinaban los precios y comentaban las ъltimas historias de sus viajes con cierto afбn competitivo. Mike aprovechу la distracciуn para escapar.

—No me importa quedarme solo —me dijo. Aъn no habнa conseguido hundirme en la concha protectora del aturdimiento y todo me resultaba extraсamente cercano y ruidoso, como si me hubiera quitado un algodуn de los oнdos. Intentй dejar de escuchar a los risueсos mochileros sin йxito.

—Como te iba diciendo —relataba uno de ellos, un hombre fornido de barba pelirroja que contrastaba mucho con su pelo castaсo oscuro—, he visto osos pardos bastante cerca de Yellowstone, pero no eran nada en comparaciуn con esta bestia.

Tenнa el cabello enmaraсado y apelmazado, y parecнa llevar puesta la misma ropa desde hacнa varios dнas. Posiblemente acababa de llegar de las montaсas.

—Imposible. Los osos negros no alcanzan ese tamaсo. Lo mбs probable es que esos osos pardos que viste fueran oseznos.

El segundo tipo era alto y enjuto, con el rostro curtido y gastado por el viento hasta el punto de parecer una impresionante costra de cuero.

—De verdad, Bella, tan pronto como se vayan йsos, echo el cierre —murmurу Mike.

—Si quieres que me vaya... —me encogн de hombros.

—Pero si a gatas es mбs alto que tъ —insistiу el hombre con barba, mientras yo recogнa mis cosas—. Grande como una casa y negro como la tinta. Voy a ver si se lo digo al guarda forestal. Se deberнa avisar a la gente, porque no estaba arriba en la montaсa, їsabes?, sino a unos pocos kilуmetros de donde arranca la senda.

El hombre de rostro de color cuero puso los ojos en blanco.

—Dйjame adivinar, їestabas allн de camino? No has tomado comida de verdad o has dormido en el suelo mбs de una semana, їa que sн?

—Eh, Mike —el barbudo mirу hacia nuestra posiciуn y le llamу—. їYa?

—Te verй el lunes —murmurй.

—Sн, seсor —replicу Mike al tiempo que se volvнa.

—Dime, їhabйis avistado recientemente por aquн osos negros?

—No, seсor, pero es buena idea mantener las distancias y almacenar la comida correctamente. їHa visto los nuevos botes a prueba de osos? Sуlo pesan un kilo...


Дата добавления: 2015-10-30; просмотров: 121 | Нарушение авторских прав


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